La depresión en hombres ¡Si existe!

Desde pequeños nos vendieron la idea de que los hombres no lloran.

Partiendo del sinfín de imaginarios sociales que giran entorno a la masculinidad, los más populares en una cultura machista como la colombiana, prevalecen: los hombres no lloran, los hombres no sienten, los hombres no expresan, los hombres no son vulnerables y entre muchas otras en las que posicionan la figura masculina como un ser de piedra que no tiene derecho a sentir como cualquier otro humano sobre la faz de la tierra.

A pesar de que cada año, en Estados Unidos, se diagnostica a 6 millones de hombres con depresión, los prejuicios sobre la masculinidad se mantienen. Esto sin contar los casos de quienes padecen la enfermedad en silencio, a escondidas y rehusándose a un tratamiento.

En junio del 2018 el Journal of the American Medical Association estimó el gasto anual de la salud para atender a pacientes con depresión en Estados Unidos, la cifra es de 48 mil millones de dólares. Sin embargo, esta cifra se queda corta, pues no incluye costos derivados de los pacientes crónicos como hospitalizaciones, consultas y pruebas de diagnostico.

La depresión ha sido catalogada como “el mal del siglo” debido al incremento masivo de los casos y la relación que esto tiene con el estrés en la vida diaria de cada persona. Frente a esta problemática, los medicamentos antidepresivos se han vuelto bastante útiles al punto en el que se volvieron una droga que circula dentro de los parámetros legales.

Abusar de los fármacos puede conllevar a un problema mayor. Hoy en día se recetan medicamentos en casos en los que no son necesarios, por ejemplo, al más mínimo indicio de tristeza, se prescriben fármacos para producir felicidad.

Hay que entender que la depresión no es solamente tristeza, pues la tristeza es un estado natural del ser humano en la que se siente una falta de vitalidad. Así mismo, en un estado como la felicidad, nos sentimos plenos y en total vitalidad. La depresión va más allá, es baja autoestima y una serie de cambios negativos en el estilo de vida como pérdida de energía e interés, sentimientos de culpa, dificultades de concentración, pérdida de apetito y pensamientos de muerte o suicidio.

En el caso de los hombres, muchos recurren a la soledad con el fin de aislar sus emociones y así evitar que las personas vean su estado vulnerable. Esto representa un riesgo ya que la soledad hace más vulnerable a la persona.

Es común evidenciar síntomas como fatiga, dolores musculares, dolores de cabeza, insomnio y pérdida de peso en pacientes diagnosticados. Sin embargo, se ha identificado que en los hombres, predominan otro tipo de manifestaciones como la irritabilidad, la violencia, el consumo de drogas y la adicción al trabajo.

Como sociedad debemos comprender que aquel que llora, que sufre o que se muestra vulnerable no quiere decir que sea débil, pues la fortaleza corresponde a una capacidad motora y muscular. Por otro lado, desde un punto de vista psicológico, la debilidad representa una falta de interés y de estabilidad emocional, en estos casos, el fuerte no es quien tenga la capacidad de ocultar sus emociones sino aquel que tenga la capacidad, voluntad y disposición de asistir a consulta y pedir ayuda. Eso es fortaleza.

Para más información ingrese en el siguiente enlace:

Journal of the American Medical Association